Esta es la historia no tan feliz de la carita feliz

La motivación de sonreir.

La carita feliz, acaso el ícono madre de tantos otros, o piedra fundamental de los emojis, parece haber estado siempre ahí, pero en realidad nació en 1963 en Worcester, Massachusetts, Estados Unidos, cuando el diseñador gráfico Harvey Ball recibió un encargo de una compañía de seguros.

        Luego de pensar durante unos días, en 10 minutos trazó, sobre un fondo amarillo, que le evocaba al sol, los ojos y la sonrisa, la deconstrucción del gesto más reconocible de bienestar o felicidad.

        Poco antes la firma State Mutual Life Assurance, que todavía existe, con el nombre de Hanover Insurance, había comprado otra empresa, Guarantee Mutual, de Ohio, y la fusión había causado malestar entre los empleados. El vicepresidente de State Mutual, John Adam Jr., sugirió que se organizara una “campaña de amistad” y le encargó a Joy Young, asistente de dirección en ventas y marketing, que la diseñara.

       Young pensó en el poder de la sonrisa y llamó al diseñador gráfico para que creara “algo pequeño, que se pudiera utilizar en broches, tarjetas y afiches”, según la World Smile Foundation, que honra la obra de Ball.

             La moda pasó, como todas, pero aquí y allá la imagen se mantuvo con vida, hasta que a finales de la década de 1980 regresó con todo al centro de la escena, acompañada por numerosos símbolos y artefactos culturales de los ’60s y los ’70s, recordó My Modern Met.

       Sudaderas, tarjetas, autoadhesivos, llaveros: la estaba por doquier. Ball no se benefició económicamente: ni él ni State Mutual habían registrado la carita feliz. Pero nunca lo lamentó, dijo el hijo del diseñador, Charles Ball, al periódico Telegram & Gazette: “No era un tipo al que lo moviera el dinero.

’Solo puedo comer un bistec por vez y sólo puedo manejar un automóvil por vez’”

     Solía decir: ’Solo puedo comer un bistec por vez y sólo puedo manejar un automóvil por vez’”.

FUENTE HOY