“Purificados por la obediencia a la verdad”

Pastor: Yasser Rivas

1ra. Pedro 1:13-25

Hemos sido hechos santos de forma inmediata por causa de la justicia imputada, y esta nos presenta en una condición de legalidad espiritual para poder tener santidad posicional; pero a medida que el Espíritu Santo va haciendo su obra en nosotros, vamos siendo perfeccionados de manera progresiva. Cristo completa lo que en nosotros aún está incompleto. El Espíritu de Dios es el que nos guía a la Verdad, y si hay verdad en nosotros habrá presencia y vida.

Andar de manera santa es parte del propósito de que lleguemos firmes al fin de todas las cosas.

Es por eso que:

1. Esperar en la gracia de Dios no es una opción, es una necesidad.
2. Debemos esperar y operar en la gracia.
3. Se manifestaran sufrimientos venideros, y donde hay sufrimiento, en algún momento se manifestara la gloria.
4. Cuando Cristo sea revelado nos hará estar completos.

1ra Corintios 2:12 “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido”. En el Espíritu todo está completo, pero sin el Espíritu nos mantenemos incompletos, pues sin El no hay gozo ni paz en nuestras vidas.
El alma y la conciencia tienen un rol y este depende en el estado en que se encuentre:
1. Conciencia cauterizada: Una conciencia cautiva que esta presa, por lo que no ha experimentado libertad. 1ra. Timoteo 4:2
2. Conciencia liberada es aquella que ha sido purificada. 1ra Juan 1:9

Purificar: significa quitar de algo o alguien lo que está contaminando o ensucia.

“No es lo mismo hablar de un Dios que purifica, que experimentar la purificación de Dios en tu vida”.

El lavamiento de la regeneración es la acción que produce la Palabra, renovando nuestra alma por medio del Espíritu Santo, y a través de la obediencia en la práctica de la Palabra de Dios.

1ra. Corintios 6:17

“Somos uno en El”. Por tanto lo que le duele a Él, nos debe doler, y con lo que Él se goza nos debemos gozar.

2nda Corintios 3: 18

Todos, sin excepción jerárquica, somos transformados de gloria en gloria a medida que vamos viendo más nítida la imagen de Cristo a través del Espíritu.

Isaías 46:7 “El propósito final de Dios es su gloria”.

Dios no nos salvó para hacernos parte de una religión, sino que nos salvó para que manifestáramos a Cristo.