Los que engañamos al general Nivar Seijas

–Esto no me está gustando –rebuznó el empleado– La próxima vez habrá problemas…

    La secretaria, que estaba a unos pasos, en un escritorito de mala muerte, sonrió sardónicamente.
Y el empleado selló el boleto.

      Entendí, entonces, que no me sería fácil volver en avión a la capital.

    Al parecer, el amiguito sospechó que algo andaba mal con mi identificación de periodista de Radio Clarín, lo que me permitía pagar siete pesos, en lugar de los catorce que costaba el pasaje de Santo Domingo a Puerto Plata, en Alas del Caribe, la empresa de Nivar Seijas, que le hacía estas concesiones a los militares y personas ligadas al jefe militar balaguerista.

   El amigo Héctor Tineo me había conseguido ese carnet, que me sirvió de mucho en los tenebrosos Doce Años.
Ahora, me aprestaba a asistir a la que sería la última audiencia en la causa que se le seguía al hijo de Miguel Soto, uno de los íconos del movimiento sindical, que fue una estrella que irradió su luz de honestidad y decoro en todo el horizonte que se vivió en los años dorados.

FUENTE EL NACIONAL